Pensamiento del día

Tengo algo que confesar. De hecho, tengo muchas cosas que decir. Es factible que muera cuando termine de escribir estas palabras. También es posible que muera antes de terminar de escribirlas. La presencia inevitable de la muerte y mi entendimiento sobre ella me impulsan a reconciliarme con la vida, con lo que quizás sea importante, conmigo mismo y con los demás.

Muchas veces he juzgado duramente a mi entorno, pero la condición de ser humano me ha llevado al arrepentimiento, al perdón, al olvido y a la amnesia la mayoría de las veces. Es parte de nuestra naturaleza construir y luego destruir lo construido, criticar y ser intolerantes a las críticas, juzgar y evitar los juzgados, llorar por nuestras penas y reír por la desgracia ajena, ver el retrato en el rostro del otro y nunca en el nuestro. Está bien, debo aceptarlo, comprenderlo y aprender a vivir con eso porque es parte de la naturaleza. No podemos cambiarlo aunque intentemos evitarlo.

Siempre existirán posiciones antagónicas, distantes. Unos serán carnívoros y cazarán conejos. Otros serán veganos y sembrarán en los huertos. Al final del día todos estaremos consumiendo vidas para sustentar nuestras vidas. ¿Ironía?, ¿cinismo?, ¿egoísmo? o quizás solo naturaleza.

Nos horrorizamos cuando un hombre golpea a una mujer y nos reímos cuando una mujer golpea a un hombre. Luchamos por los derechos de los animales, por la preservación del planeta y exterminamos hormigas, cucarachas y demás insectos. Comemos frutas y vegetales, pero primero se los arrancamos a las plantas. ¿Contradicciones?, ¿extremos?, ¿desequilibrio? o quizás solo naturaleza.

Estos hechos me llevan a ser pro-defensa de los derechos humanos, animales y de las plantas. Sin embargo, entiendo, y eso no quiere decir que lo comparta o aplauda, que el león se come a la zebra porque tiene hambre, y, además, se la come viva; que un grupo de chimpancés sea capaz de asesinar a golpes a otro chimpancé por ser considerado un intruso; que un hombre mate a otro hombre por un par de zapatos o por mero placer; que un parásito acabe con la vida de un árbol y que cada cierto tiempo ocurran cambios climáticos que desaparezcan especies y causen estragos en otras.

Un día el planeta nos ofrece el paisaje más paradisíaco que pudiéramos imaginar. Al día siguiente un maremoto extermina miles de vidas y en segundos el paisaje se vuelve apocalíptico. Los países luchan por la paz, pero alimentan guerras por conveniencias políticas.

Es así nuestro mundo, este pequeño rollo de pabilo natural imposible de desenmarañar. Después de miles de años de historia, todavía existen las decapitaciones. Es así, la evolución es y siempre será lenta. Tanto, que ninguno de nosotros podrá verla, porque siempre será un producto inacabado.

Lo importante es entender que somos un producto inacabado que dará tantos errores como Windows 8 y tendrá tantos aciertos como Apple. Hay cosas que resultan imperdonables por más que respondan a una naturaleza despiadada, pero hay otras tantas que merecen segundas oportunidades, perdón, reconciliación y paz.

Al final, el camino correcto nos debería dirigir hacia la felicidad, porque esa es la consecuencia inevitable de todas las cosas buenas y bonitas de la vida. El problema es que no existe un camino correcto, porque el camino por sí mismo no existe. Así que solo nos queda apelar a la creatividad.

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